Me habré perdido en el miedo de ser mi persona y la posibilidad de perderme en las acciones ajenas (qué atractivas parecían mis madonnas) y dejé de lado la pronta introducción a este espacio que busco compartir. Acomodé las visagras un tanto chuecas y si hubiera seguido por el mismo camino de las cartas agresivas y los textos incomprensibles el vidrio se hubiera empañado a la misma velocidad en que el hastío hubiese atormentado a aquel que se atreviese a ser mi lector.
Así que sin más, sean todos bienvenidos, de corazón. Asómate a mis ventanales y compartámos todo aquello que venga a la cabeza y aunque a veces parezca sin coherencia, es solo cuestión de acomodar bien la imagen. Desde el momento en que leas esto, te invito a interpretar, pues qué saber más rico que el saberse propio en un texto.
Se aceptan comentarios, dudas y sugerencias (despeinadas, carismáticas, poco convencionales). Convénceme de la locura y quizás llegue el momento en que todos aprendamos a observar.
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