jueves, 13 de noviembre de 2008

Letra Brevis


Mi estimado suicida:

Esta carta debió de haber comenzado de muchas otras maneras, todas para hacerte saber lo mucho que aprecio tu vista, tu tacto, tu espacio para leer la sarta de incoherencias que sin bandeja de plata y quizás medio anonadado escribo. Así debió de haber comenzado y a fin de cuentas comenzó, pero con una finalidad enteramente distinta al agradecimiento, que ya lo daré si me fijo a cada rato y advierto que me acechas, que aquellos ojos y aquellas manos no están sino para quererme, porque a fin de cuentas ésta es nuestra aventurilla y es acuerdo mutuo el nuestro de escritor-lector.

Aprende de mi grano, de aquel que acabo de plantar y a aquello sobre lo que hayas aprendido invéntale alguna metáfora, que mi meta es ser maestro y no caníbal, y la tuya es ser hombre y no cualquier otra cosa. Estamos condenados a habernos leído y a juzgar con ironía las propias circunstancias, no las del resto. Sigueme en mi camino haciendo el tuyo propio y pronto aprenderás que las peripecias son tus compañeras, que las sandeces tus amigas y el verbo retorcido tu íntimo amante.

Estás bienvenido y serás bien acompañado a la ruta alterna del trabajo, al ocio, al verdadero oficio que trabaja lo que nunca fuiste y lo que nunca serás (aquello que no vives y sin embargo te da carácter), haciendo así una carga más atenta: tu cruz en forma de triángulo, de cambio eterno, de vida y de muerte. Anticipo darte maneras para pensar sobre mis errores y corregirlos bajo tus letras, y aqui comenzarás la tarea que te permita ser humano y no te obligue a ser moral.

Atentamente,

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